domingo, 05 de septiembre de 2010
Entrevista a Ros Marbà
una obra no puedo trabajarla si no la analizo profundamente
Dirige la Real Filharmonía de Galicia desde el año 2001. Ha sido director de la Orquesta Sinfónica de RTVE, de la Orquesta Ciudad de Barcelona, de la Orquesta Nacional de España y de la Orquesta de Cámara Holandesa, le han concedido el Premio Nacional de la Música y la Cruz de San Jordi, ha colaborado y dirigido importantes agrupaciones sinfónicas de Europa, Asia y América…pero siente que todavía le queda mucho por aprender. Este jueves dirige a la Real Filharmonía de Galicia y al Orfeón pamplonés en Santiago de Compostela con "Un Réquiem Alemán", de Brahms; el sábado lo hará en el Auditorio Nacional de Madrid.
Antoni Ros Marbá nació en 1937, en el barrio de Santa Eulalia, en Hospitalet de Llobregat. Sin tener familiares músicos, si no tenemos en cuenta un abuelo que tocaba el acordeón y el otro, al que le gustaba mucho la zarzuela, el pequeño Antoni empezó sin embargo pronto a familiarizarse con la música gracias a una profesora del parvulario, que “nos hacía cantar a los niños y nos enseñaba algo de música”.
Algo se movía dentro de este niño, que aprendió a ir al Teatro Victoria a escuchar zarzuela con su abuelo, que aprendía algo de solfeo y piano con su profesora de párvulos, y que empezó desde muy jovencito a tocar el armonio en la iglesia.
Siendo niño todavía, recuerda especialmente cuando escuchó una audición discográfica comentada de la Sinfonía Pastoral de Beethoven, que “me abrió mucho los ojos, los oidos”.
Música en directo
Ya más adolescente, y con un amigo del barrio, después de misa iban a los conciertos de la Orquesta Municipal de Barcelona, dirigida por su admirado Eduard Toldrá, del que se siente, además del gran Celibidache, heredero espiritual.
La música era entonces, y debía ser a falta de tocadiscos, en directo. En casa, comenta el maestro, no había dinero. Recuerda que además leía muchas partituras y reducía las de orquesta al piano. En aquella época, ir a los conciertos era toda una excursión, sin metro desde Santa Eulalia, así que “un concierto empezaba hoy y terminaba mañana”.
Un día a la semana, el compositor Josep Soler les invitaba a él y a un grupo de amigos a conocer la discografía de las obras del siglo XX, que ellos no se podían permitir comprarse. La madre de Soler les daba la merienda, y ellos escuchaban por primera vez obras de Bartok, La Consagración de la Primavera de Stravinsky…
Igual por eso hoy Ros Marbá tiene una biblioteca musical que “casi parece una biblioteca pública”, dice. Una inversión importante y muchos años de comprar partituras hacen que ahora tenga prácticamente todo el repertorio, “casi todo”, comenta.
Vocación temprana
Estos años de la juventud de Ros Marbá, en los que se forma musicalmente y escucha y capta todo lo que podía, hacen que desarrolle muy pronto una vocación dentro del mundo de la música.
Hijo de un electricista, miembro de una familia modesta, el maestro empezó pronto a ganar unas pesetas haciendo de todo, pero dentro de la música: arreglos para los cantantes de moda, repetidor en las editoriales donde entraban estas canciones de moda, donde llegaban los vocalistas y Marbá “les repasaba”…
La dirección, afirma, le vino por inercia, pero sin embargo, fruto de una gran preparación, después de formarse musicalmente en el Conservatorio Superior de Música barcelonés y de haber estudiado Dirección Orquestal con Eduard Toldrá y de haber conocido al gran Sergiu Celibidache.
Sin embargo, cuando en 1966 saca por oposición la titularidad de la Orquesta de RTVE y obtiene el primer puesto, había dirigido en su vida tan sólo seis conciertos. A partir de este momento, su carrera sería ya imparable.
- Usted admira a Celibidache, del que es discípulo. ¿Qué le legó este maestro?
- Seguí a Celibidache lo máximo que pude, y sigo siguiéndolo, la memoria juega a veces un papel muy importante y todavía hoy pienso muchísimo en tantas cosas que nos dijo. La reflexión viene a veces después de veinte años, y hay que madurar lo que nos han enseñado los grandes.
El legado más importante de Celibidache es su propia evolución del pensamiento, cuando yo lo conocí él tenía 60 años y ya era un monstruo, un genio. Siguiéndole y analizando lo que él consideraba, cuando escucho un concierto suyo de los años 60 y lo comparo con cómo dirigía una obra con ochenta años, es otra historia completamente diferente. Celibidache no dejó de evolucionar toda su vida, abrió una gran cantidad de campos de investigación, estuvo buscando hasta el último día de su vida. Para mí fue una gran revelación.
Tuve también la oportunidad de tener conversaciones con él, y muchas veces, una frase o una palabra puede significar un mundo entero. Por ejemplo, y es muy revelador, no lo practico pero el budismo en general me gusta mucho, y él lo practicó, quizá esto sea también influencia suya.
- Usted es ahora maestro, cómo ve a los jóvenes estudiantes, futuros directores y músicos?
- Celibidache lo decía, entre los directores de orquesta se encuentran muchos incultos, y es cierto. Son, o somos, a veces, muy intuitivos, pero en ocasiones rascas un poco y te das cuenta de que su propia instrucción musical no es buena. Yo una obra no puedo trabajarla si no la analizo profundamente, y hay que tener una instrucción muy rigurosa para hacer esto. Ahora, el acceso a la discografía, a los dvds, facilita mucho las cosas, antes si tú querías estudiar una partitura te la tenías que trabajar…
Lo estoy viendo en los cursos, en las master clases, hay un gran déficit de escritura, contrapunto sobre todo, análisis…
- Pero también habrá grandes alumnos, futuros talentos. ¿A quien admira entre los directores jóvenes?
Veo a muchos jóvenes con talento en el mundo de la dirección, no me gusta decir nombres porque no es justo, pero por ejemplo hay directores como Juanjo Mena, que tienen mucho talento y que están trabajando de forma seria. Aquí en Pamplona tenéis a un alumno mío, Ernest Martínez Izquierdo, un músico muy completo.
- ¿Le falta algún sueño por cumplir?
- Claro, muchos, pero si tengo que decir uno, me quedaría con poder desarrollar algo que no he podido hacer por la propia profesión: volver a una de mis primeras inquietudes, la composición. No tengo tiempo. Y después, restringir un poco el repertorio, dirigir un poco menos, y hacerlo mejor.
- Esta semana dirige Un Réquiem Alemán, de Brahms, en Santiago de Compostela, con su orquesta y el Orfeón Pamplonés. ¿Qué le dice esta obra?
- Es un pozo sin fondo, una de las grandes obras maestras, y como tal nunca acabas de conocerla bien. Viene además de una vivencia cristiana no católica, viendo además las propias vivencias de Brahms. Es curioso, por ejemplo, que en su estreno no existía el número de la soprano, sólo estaba como solista el barítono, pero la muerte de su madre hizo que Brahms necesitara plasmar la necesidad de reconfortarse con su madre a través de una frase que nace de los textos sagrados. Nace así este movimiento, el séptimo, además el número siete es muy especial.
En Brahms está la tradición de toda la historia a través del propio desarrollo de la escritura a través de los tiempos, hay una parte cíclica cuando en el final se encuentra con el principio.
Esta semana podremos escuchar el Réquiem Alemán en Santiago de Compostela y luego en Madrid. De momento, este Réquiem no existe, sólo está en un papel, existirá cuando se junte el primer sonido con el segundo…
- Usted ya conocía al Orfeón Pamplonés
- Sí, lo he dirigido cuatro veces, pero en épocas muy distintas y con obras muy diferentes, la última vez fue la Novena Sinfonía de Beethoven, del Réquiem de Verdi tengo muy buen recuerdo, pero es la primera vez que tenemos una gran obra del gran sinfonismo coral alemán. Por el tipo de voces, yo creo que es un coro muy adecuado para que funcione bien. Las condiciones que tiene el coro, que van desde poder cantar muy piano pianísimo hasta la rotundez de un forte esplendoroso, son muy buenas.
Es un coro muy bien dispuesto, muy bien preparado en el sentido de que esto se pueda traducir en música. Bien preparado técnicamente, con disciplina musical, podemos hacer un buen trabajo juntos.
(Entrevista concedida al Orfeón Pamplonés)